Técnica. Ganancia aerodinámica a través de los gases calientes del escape. Efecto Coanda y Magnus.

En esta temporada los equipos de Formula 1 han tenido que hacer maromas para conseguir el tan preciado agarre aerodinámico perdido gracias a la prohibición de los difusores soplados en éste 2012.

Pues bien, los ingenieros han debido basarse en dos principios (el segundo muy antiguo y desde siempre utilizado en la F1) a fin de conseguir tal fenómeno, y son el efecto  Coanda y el efecto Magnus.

EL EFECTO COANDA

El primero debe su nombre al aerodinamista e inventor Rumano Hernri Coanda (1886 – 1967) – quien a su vez fue el padre de la dinámica de fluidos- que investigó, entre otras cosas, el por qué los gases tenían la tendencia de ser atraídos a la superficie. Siendo aerodinamista comprendió inmediatamente que este fenómeno se debía principalmente a la densidad (entre otros factores a tomar en cuenta) del mismo, propiedad que le otorgaba en parte la temperatura misma del gas o fluido.

Este sería el principio aplicado en 2012 (pionera) por la escudería Sauber  y replicado por RedBull, en procura del agarre aerodinámico perdido por las nuevas restricciones reglamentarias, e interpretado de diferentes maneras por las demás escuderías.

EL EFECTO MAGNUS

El efecto Magnus es mucho más antiguo, y no tiene nada que ver con los gases de los escapes, sino más bien se relaciona con el efecto que tienen objetos que “giran” a través de un fluido. Fue expuesto y estudiado por primera vez por el físico alemán Heinrich Magnus en 1852, a pesar de que había sido previamente observado por Isaac Newton, mientras miraba un partido de tenis un tiempo atrás.

El efecto Mangus refiere y puede medirse (o no) en las desviaciones y trayectorias causadas por un objeto en movimiento hilado a través de un fluido. En el caso que nos interesa y extrapolando el ejemplo a la masa de aire que afecta el andar de un vehículo de Formula 1, se crea un torbellino alrededor del objeto que causa una mayor presión sobre un lado del objeto que en el otro. Si el objeto gira no puede ser desviado (como sucede con el girar de los neumáticos de un Formula 1, o con el sistema giroscópico de un cañon en un tanque de guerra) pero si manipulado mediante sistemas aerodinámicos, mecánicos y hasta hidráulicos.

Ahora bien, el truco está en controlar el flujo de aire apenas este sea “consumido”, y se logra  direccionándolo a través de apéndices aerodinámicos, en procura de la ganancia de grip y eficiencia que se deseada, quitándole la “suciedad” en el tratamiento del fluido, en éste caso masa de aire que llega al monoplaza, como vemos en la siguiente gráfica.